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Por: Modesto Rivero González
Tomado de: Norte Franco
E-mail: mmriverog@cantv.net
El miércoles 28 de mayo Juangriego vivió una tragedia lamentable. Ocho hombres armados asaltaron la agencia del Banco Mercantil, en pleno centro de la ciudad y en pleno mediodía, llevándose una buena cantidad de dinero y, lo más doloroso, dando muerte a uno de los empleados, un humilde trabajador, el cajero principal de la institución.
Las agencias bancarias tienen sus propios mecanismos de seguridad, pero, como hemos visto en varias ocasiones, son insuficientes para evitar la acometida de la delincuencia, la cual ha adquirido proporciones alarmantes en nuestro país. Hasta a nuestra Margarita, otrora un oasis de paz y tranquilidad, se ha extendido este mal que tanto nos afecta, no sólo por la cantidad de muertes, y lesiones y las pérdidas que ocasiona, sino por el terror que siembra en la población y que deriva, a no dudarlo, en diversas enfermedades físicas y mentales. Las cifras de asesinatos son alarmantes. Según el Anuario de Estadística de MinSalud, el año 2006 se produjeron 8805 homicidios, lo que da un promedio de 24 diarios, uno cada hora, y esto merece que se le preste mayor atención al problema, en obsequio de la paz y la tranquilidad de la ciudadanía, que no se logran con meras declaraciones, por más convincentes que parezcan.
El fenómeno debe ser analizado en sus dos vertientes principales: La maldad de cierta gente que se complace en hacerle daño al prójimo, en lo cual hay un elemento fundamental que es la falta de temor de Dios y, por ende, de amor a Dios, a sí mismo y a sus semejantes. En mucha de esta gente se ha encontrado como causal de su mala conducta la carencia de afecto familiar y de amistad. Pero también una mala educación que, por lo general, arranca desde el hogar, y se profundiza en una sociedad que ha puesto a Dios de lado y lo ha sustituido por la ambición de riquezas y bienes materiales y los placeres sensuales, donde se cultivan y desarrollan antivalores y vicios, como la drogadicción y el alcoholismo, que convierten a las personas en verdaderas “bestias humanas”. Y esta sociedad violenta y agresiva es, en parte, alimentada desde las altas esferas del gobierno, por declaraciones y discursos que generan odio de unos contra otros, y estimulan a las personas que ya están ganadas para la violencia por la acción de Satanás, que las impulsas a destruir y destruirse.
Por otro lado, los organismos de seguridad del Estad, los cuales carecen de los recursos necesarios para hacerle frente a esta delincuencia desbordada, en términos de personal y equipamiento; pero también, cuyos miembros, al parecer, no son suficientemente bien educados y entrenados, ni responden a un riguroso criterio de selección, de manera que muchos de los delitos son cometidos por agentes de seguridad pública. En esta vertiente tenemos que anotar la falta de sitios e incentivos para una recreación sana; de estímulos para el trabajo creador, el deporte y la cultura, así como el nutriente que significa el enriquecimiento ilícito de algunos funcionarios públicos y la impunidad de que gozan los delincuentes. Como bien lo expresó el Libertador Simón Bolívar: “La impunidad de los delitos hace que éstos se cometan con mayor frecuencia, y al fin llega el caso de que el castigo no basta para reprimirlos” (Carta al Gral. Salom, 13/01/1824), Ahora bien, dice la Biblia, que “si Dios no guarda la ciudad, en vano vela la guardia” (Salmos 127:1b), lo cual quiere decir que hay que tomar en cuenta a Dios para lograr una buena seguridad. Así que, para combatir la delincuencia, hay que inculcar en la gente la fe en Dios todopoderoso, y rechazar todo aquello que implique la negación de Dios, el ateísmo, que muchos confunden con un alto nivel de cultura y de inteligencia, cuando es lo contrario: “Dice el necio en su corazón: No hay Dios” (Salmos 14:1a). Y al decir de San Pablo, “se envanecieron en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido. Pretendiendo ser sabios, se hicieron necios” (Romanos 1:21b, 22). Por lo demás, Dios cuida de sus hijos y “el ángel de Jehová acampa alrededor de lo que le temen, y los defiende” (Salmos 34:7). Y, “si Diosa es por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Romanos 8:31). Por tanto, conviene mantenerse COMO VIENDO AL INVISIBLE.
Y algo más que puedo decir, y lo he dicho en muchas ocasiones, es que toda persona que se convierte a Cristo es un delincuente menos. Así que si nuestros gobernantes, y la sociedad en general, quieren acabar con este flagelo, para lo cual, como hemos visto, no bastan las leyes, ni los organismos, ni los medios ni los procedimientos de seguridad, ni las medidas de represión, deben estimular e inculcar en la gente el conocimiento de Dios y de las Sagradas Escrituras, y la fe en Jesucristo, como la medida más eficaz para lograr este propósito. ¡SEA DIOS GLORIFICADO!










Creo, con todo el respeto, que DIOS no soluciona los problemas de los hombres. La delicuencia es un problema de falta de autoridad y la impunidad.
A mi vecino lo atracaron en su casa y le robaron, 4 hampones encapuchados. Llamó a la policía y llegó a la hora y media. El 171 no sirve, no hay un número de la policía de Juangriego, no existe, el CICPC no quiere venir a ver y levantar, al menos, un expediente. Aunque sea para que sea contado entre las víctimas que sí denuncian. Esta desidia hace que no haya ánimo en denunciar.
Por: miguel el Agosto 12, 2009
a las 8:46 pm
Dios está en otro lado. El problema no es de Dios, en los países ateos o protestantes es donde viven mejor, ahí la policía y sus habitantes no le dejan su trabajo a Dios ni a los evangélicos ni a los testigos de Jehová ni a los santeros, simplemente hacen su trabajo. Porque tienen recursos. Los policía nuestros tienen un bajo sueldo, y no tienen recursos. No tienen una central (es sólo una secretaria las 24 horas, un radio y un teléfono), que puede hacer Dios por nosotros sino no lo hacemos nosotros mismos. Creo que Dios está ocupado en otros menesteres.
Por: miguel el Agosto 12, 2009
a las 8:54 pm
Todos los malandros después de hacer sus fechorías se meten a evangélicos para evitar el castigo. Deja a Dios tranquilo, es un problema de los hombres ya estamos bien creciditos para pensar en que Dios nos debe solucionar nuestros problemas, bien decía Marx: “la religión es el opio del pueblo”. Tomemos carta en el asunto de la delicuencia y punto. Estoy muy de acuerdo con el artículo: “tolerancia CERO”. A jesucristo lo crucificaron hermano, déjenlo tranquilo. Los buenos somos más sólo que no hacemos nada.
Por: miguel el Agosto 12, 2009
a las 8:58 pm
“toda persona que se convierte a Cristo es un delincuente menos”.
… y uno bajo tierra también.
Por: miguel el Agosto 12, 2009
a las 9:23 pm