Posteado por: juangriego | Junio 10, 2008

Juangriego:Pierre Marie Bougrat – Biografías

Por: Evaristo Marín

Algunas veces, en esas tardes apacibles de Juangriego, Pierre Bougrat, el médico, solía recordar, únicamente para sí, sus tormentosos días de presidiario. El lento vuelo de los alcatraces, el gris y monótono ir y venir de las olas, las sombras que poco a poco se iban prolongando por todos los confines de esa larga calle frente al puerto, hasta la última casa del pueblo, todo eso quedaba envuelto en el humo suave y oloroso de su infaltable pipa. A veces, inevitablemente, lo asaltaban los recuerdos de aquellos días de trabajo forzado, en Cayena, la infernal y selvática Isla del Diablo de la Guayana francesa, transformada en el más terrible de los infiernos penitenciarios de ultramar.

Cómo lograron Bougrat y otros dos condenados, escapar de aquel infierno carcelario y aventurarse por el Atlántico, casi sin provisiones, en una improvisada y frágil balsa, es algo que todavía adquiere las proporciones de lo increíble. Muchos de quienes los antecedieron en el intento, sucumbieron a sangre y fuego, cuando no bajo la siniestra metralla de los carceleros, devorados por hambrientos tiburones. La posibilidad de una recaptura, significaba el fin. Casi siempre, el castigo era el fusilamiento ante un paredón.
Sin rumbo cierto, aquellos hombres desafiaron la muerte, luchando contra las fuertes corrientes del océano, en esa maltrecha balsa armada clandestinamente en algún lugar secreto del presidio cayenés. Hasta que finalmente, en un amanecer el mar los lanzó, extenuados, hambrientos y sedientos en la lejana playa de Macuro, en las costas de Paria. Cuando eso ocurrió, no tenían ni certeza de los días navegados, en medio de la terrible inclemencia del sol y de noches que se hacían interminables, entre un tempestuoso oleaje y a veces en la más absoluta oscuridad. Eso es algo que quedó en las proezas del mar. En Margarita, aquel médico francés, hizo historia con sus curaciones. También allí, en Juangriego, encontró el más apropiado lugar para escribir cuentos y poesías.

<!–[if gte vml 1]&gt; &lt;![endif]–><!–[if !vml]–><!–[endif]–>Casi siempre, Pierre Bougrat se tomaba su último brandy del día, en el bar Crepúsculo, de Beltrán López Quijada. Su alegre y ronca pronunciación del español, con mucho acento francés, era algo que despertaba admiración. En mucho, era un gran privilegio oírlo hablar y reír a carcajadas con los chistes de su gente margariteña. Juangriego ya estaba en tinieblas, cuando Bougrat volvía a encender su Mercedes Benz gris y el gran resplandor de los faros de aquel carrazo, le abría paso hasta su casa, cercana a la playa, en la calle El Sol.

Ese tiempo en el cual estuvo condenado, a prisión perpetua, por la Corte Suprema francesa, era historia que muy pocos oyeron de los labios de Bougrat. ¿Para qué? Iban a condenarlo a muerte. Su fama – y sus méritos de médico de la Legión de Honor, en la primera Guerra Mundial – lo salvaron. En Francia, su país de origen, era ya un médico famoso cuando los agentes de la Segurité de París, localizaron sepultados entre las paredes de su consultorio, los cadáveres de un cobrador bancario y de dos prostitutas. ¿Mala praxis médica? Eso con Bougrat, no parecía posible. ¿Ocultaba crímenes cometidos por otros? Dicen que llevado por una vida bohemia, adquirió deudas que no podía pagar y la presencia persistente y amenazante de aquel cobrador, se le hizo desesperante. Todo lo condenaba. La pena de muerte le fue conmutada, por prisión perpetua en la Isla del Diablo.

Algo es muy cierto. Toda esa leyenda de horror que se tejía a su alrededor, pronto quedó olvidada, por su sabiduría y su acertado ejercicio de la medicina moderna. Bougrat, no sólo era un gran médico, excelso poeta, acertado cuentista y admirable dibujante. Todo eso era poco ante su generosidad, su espíritu humanitario y la grandeza de sus diagnósticos. “Si Bougrat dice que el enfermo se va a salvar, seguro que se va a salvar ¡Si dice lo contrario, preparen el entierro!”. Eso fue un decir popular.

En la Margarita de los años 30 y 40, se tuvo siempre como mal presagio el que el doctor Pierre Bougrat moviera negativamente la cabeza al examinar a un enfermo. Aquella era, ni más ni menos, señal inequívoca de pocas esperanzas. “Hay que buscar a Machalengo para que le haga la fosa a ese pobre cristiano. Ya Bougrat lo desahució”, recuerdo haber oído, más de en una vez, en el Valle de Pedro González. Machalengo fue por muchos años, el más célebre de los sepultureros de nuestro pueblo.

Bien ganada fama tenía Bougrat de equivocarse muy pocas veces en el ejercicio de su noble profesión médica. Sus avanzados conocimientos adquiridos en la Universidad de La Sorbona, en París, siempre tenida como una de las más calificadas universidades del mundo, resultaron una fortuna para nuestra tierra, en donde la escasez de médicos y la sequía fueron por largo tiempo dos terribles calamidades.

¡En cualquier parte, la vida sería seguramente mejor que en aquel infierno!, era lo que pensaban Bougrat y los otros dos prisioneros cayeneses cuando se dieron a la fuga, desafiando las olas y las fuertes corrientes del Atlántico. Bougrat se radicó inicialmente en Irapa, cerca de Güiria, y hasta había contraído matrimonio y adquirido fama de buen médico, cuando llegó a Juangriego en los años 30. Muy pronto se hizo querer del pueblo margariteño. No faltaron, sin embargo, quienes con el pretexto que era un prófugo de Cayena, trataron de obstaculizarlo, exigiéndole la reválida del titulo a él concedido en su país de origen, Francia. Evidentemente, en las condiciones en las cuales se fugó a Venezuela le era imposible conseguirlo. El título de médico se le había anulado en París, ¡de por vida!, por decisión expresa del tribunal que lo juzgó.

Monseñor Andrés Márquez Gómez, narra, en su libro Árboles, pájaros y niños; que un médico de apellido Luciani, se abstuvo de atender a su madre – gravemente enferma – hasta que su padre, Máximo Márquez, le dio cuenta que tenía una casa, en Santa Ana del Norte, la cual estaba dispuesto a hipotecar si ello era necesario para salvarla. Deja entrever que Luciani cobraba mucho, pero sanaba poco. Cuenta Márquez Gómez, que su madre logró recuperar su salud, gracias a la oportuna presencia en Margarita de aquél médico francés. Bougrat, se encargó de la enferma – casualmente, estaba llegando Margarita, ese año, en 1930 – logró recuperarla y cuando se le preguntó por los honorarios, le dijo a su padre: “Don Máximo, usted me pagará doscientos bolívares cuando pueda pagarlos. Y recuerde: Yo seré el padrino de su próximo hijo…” Por eso, fue padrino de Antonio, el menor de los Márquez Gómez.

Cierto día, le llegan a Juan Vicente Gómez denuncias de un médico francés que trabaja en Margarita, sin haber revalidado. Obviamente Bougrat no podía revalidar. Su título se quedó en Francia y como evadido de Cayena, se lo negaron, cuando solicitó por correo y por medio de la Embajada de Francia en Caracas, una copia certificada de su grado ante La Sorbona de París. Lo de Gómez parece chiste, pero no lo es. Cierto día el anciano Presidente de Venezuela, se interesa por la historia del médico francés y pregunta, ” ¿Cura el doctor?”, “Sí general, cura y muy bien – le dice el presidente del estado, José Rafael Falcón y Gómez sentencia, muy sabiamente, “pues, si el doctor cura, que siga curando”. Por eso se decía que en Venezuela a Bougrat lo había graduado Gómez.
Como cuentista, Bougrat también tiene un puesto bien destacado entre los narradores margariteños del siglo XX… Su libro Sotavento, editado en la editorial Avance, de Porlamar, en 1946, es un estupendo compendio de historias marineras, en las cuales, las de la Playa de Pedro González – mi pueblo- ocupan un lugar sobresaliente.

En uno de esos cuentos, “Viejos Rumbos”, su personaje, Sotavento, un marino de mi pueblo, cobra especial resonancia, por sus aventuras como capitán de barco y contrabandista de la Margarita de los años 40.

Sotavento sale desde la playa del Valle -así se le dice comúnmente a la de Pedro González, en nuestra Margarita – en un tres puño muy navegador despachado en lastre, con rumbo hacia Río Caribe. Cincuenta bultos de seda, cargan a las diez de la noche cerca de la casa de Prajedes Acosta en la playa de Guayacán. Con la carga, embarcan al socio del capitán, un contrabandista de sesenta años. Cuando ya navegan, fuera de la isla, rumbo a Puerto Santo, el contrabandista se muere a bordo, de un ataque cerebral. “¿Qué hacer? Ese cadáver no aguantará un día de sol a bordo; tampoco se lo puede llevar a tierra firme, ya que no figura ni como pasajero en el despacho ni como tripulante en el rol. Tampoco hay tiempo de regresar a la Playa de Pedro González. Rápidamente, Sotavento arriba a El Tirano que está a la vista; se echa al agua, frente a la playa de El Cardón, despierta a un amigo que tiene un camión; al muerto lo sientan al lado del chofer, amarrado por la cintura y al amanecer, lo meten en su casa por el corral, lo desvisten y lo envuelven en cobijas calientes a fin de que el médico que han mandado a llamar lo encuentre con calor y certifique que acaba de morir. Y cuando a las cuatro de la tarde, lo llevan al cementerio, Sotavento le dice bajito, a uno de los hijos del difunto:

“-Primo Chico…. ¡Qué bonita suerte para un contrabandista Embarcó de contrabando, murió de contrabando, lo desembarcamos de contrabando! Toda la isla, él la atravesó de contrabando y ahora lo enterramos con un certificado de defunción, conseguido de contrabando!”

Nota: Los restos del Dr. Pierre Marie Bougrat (1.889 – 1.962) descansan en el cementerio de Juangriego.

 


Respuestas

  1. Bello relato,hermosa historia .Fuimos muy muy amigos del Dr bougrat,especialmente mi madre y mi padre ,Ariane Y jacques .Cuantas veladas juntos recuerdo,que hombre tan bondadozo,recuerdas la planta de hielo que monto en juan griego?Lei una y otra vez su hermoza novela poetica Sotavento,y asi bautizamos el restaurante de mis padres en el faro de porlamar Sotavento y el fue el padrino de honor,tambien nuestra lancha se llamaba asi.
    Tuve la suerte de vivir en su casa de Juan Griego despues de su muerte,con su hijo Juan Bougrat,ya que por ese entonces estudiaba en la escuela tec Industrial y vivia con ellos.Me sentaba en el comedor,sus fotos, su esposa Magda,tantos libros lei alla,como extraño esos dias.
    Dios bendiga al Dr Piere Bougrat y a su familia

    Bruno Magicier

  2. He tenido el honor de conocer al Dr.Bougrat ya que fui vecina durante 3 años en Juan Griego,tenia un hotel llamado Guayamuri y el vivia en la quinta de al lado,solia ir a ver muchas tardes la puesta del sol desde la terraza del hotel ya que el decia se veia mejor que desde su casa,era un gran hombre .Su hijo Juan fue amigo de mi esposo y a traves de el fue que conseguimos el hotel.Tengo tambien un recuerdo muy triste y es que fuy la ultima persona que lo vio con vida ya que ese dia fue a visitar a un amigo que se hospedaba en el hotel y alli sufrio un infarto.Nunca olvidare el 8 de enero a las 8 de la tarde entrando a visitar a este amigo en la habitacion numero 8 .Siempre lo recordare.Descanse en paz Dr. Bougrat

  3. [...] se trasladó a isla Margarita donde ejerció la medicina con sabiduría y cultivó la poesía y la narrativa lo que le valió la [...]


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